Uno de cada cinco trabajadores despedidos o reemplazados por IA en EE. UU. ha recibido una oferta para volver, AT&T y Verizon recortan 8.000 empleos sin que la IA sea la causa y las matrículas de Informática caen un 18 %. Mientras, Cisco da tokens ilimitados a un joven de 27 años para reescribir su código legacy. Te cuento qué hay de verdad en los despidos por IA y qué significa para desarrolladores y freelancers.

«Nos reemplazó la IA» es la excusa más cómoda que ha inventado el mundo corporativo desde «reestructuración». Y los datos de esta semana empiezan a decir que, muchas veces, es mentira o, como mínimo, una apuesta que salió mal.
Mientras medio internet se asusta, resulta que las empresas están llamando de vuelta a la gente que despidieron. Con la cola entre las piernas.
Una encuesta de SHL a más de 1.000 trabajadores estadounidenses, hecha entre junio y julio, concluye que casi uno de cada cinco despedidos o reemplazados por IA recibió después una oferta para volver. No es un caso aislado: un informe de Orgvue de marzo de 2026 ya decía que el 32 % de las organizaciones que recortaron plantilla por IA terminó recontratando.
Lo jugoso es cómo reaccionó la gente al volver:
Traducción: la empresa sustituyó a una persona por un chatbot, el chatbot no daba la talla, y ahora le toca pagar más por el mismo trabajo. Quien reemplaza talento por una demo, acaba pagando el talento al doble.
Aquí llega el golpe a la narrativa. AT&T y Verizon recortaron cerca de 8.000 puestos en el tercer trimestre de 2026 y, entre las dos, emplean hoy menos gente que AT&T sola en 2020: 142.460 empleos menos en seis años. Titular fácil: «la IA arrasa con el sector telecom».
Pero el análisis de Light Reading lo desmonta con un dato incómodo: los recortes más profundos ocurrieron antes del 30 de noviembre de 2022, el día que salió ChatGPT. Y los gastos operativos no han bajado al ritmo de los despidos. La explicación real es más aburrida: aplanar mandos medios, tirar de subcontratas y vender divisiones.
La IA es el chivo expiatorio perfecto. Nadie protesta contra un algoritmo, y a los inversores les encanta oír que «la eficiencia por IA» justifica el recorte.
Eso sí: tampoco es todo humo. El mercado de entrada sí se está resintiendo. Según datos del National Student Clearinghouse Research Center, en dos años las matrículas de Informática de grado han caído un 18,4 % y las de posgrado un 27,1 %, con la cobertura culpando a la IA por eliminar puestos junior. Cuando los jóvenes dejan de estudiar programación por miedo, el problema ya no es la IA: es el miedo que vende la IA.
Y entonces aparece Cisco con la otra cara de la moneda. Su presidente, Jeetu Patel, contó a Fortune que le dio a Paddy Krishnamurthy, de 27 años y fundador antes de entrar por la compra de EzDubs, tokens de IA ilimitados y la orden de «ir a por todas». El objetivo: reescribir el 98 % del código legacy de Cisco en 24 meses con un equipo de dos personas.
Léelo otra vez. Dos personas. Código legacy de una empresa con décadas de historia.
Si sale bien, será la prueba de que la IA no elimina al programador: elimina al programador que solo sabía mantener lo viejo, y multiplica al que sabe dirigir la máquina. Si sale mal, será otra anécdota de «dimos presupuesto infinito a la IA y nos explotó la deuda técnica». Sea cual sea el resultado, ya no se trata de saber teclear: se trata de saber qué pedir, cómo verificarlo y cuándo desconfiar.
Mientras tanto, el dinero empieza a ponerse nervioso. El ETF de semiconductores de iShares cerró la semana un 29 % por debajo de su máximo, en territorio de mercado bajista, con recortes de gasto en capex de Microsoft y Alphabet sobre la mesa. Los inversores quieren ver beneficios antes de soltar más billetes.
Esto es lo que yo sacaría de todo esto si programas o vives de ello:
La IA no viene a quitarte el trabajo: viene a quitarle el trabajo a quien no sepa explicar qué aporta. Y eso, curiosamente, siempre fue verdad.
¿Tienes una web, una app o un proceso interno que quieres que construya alguien que use la IA con criterio y no como excusa? Escríbeme desde la página de contacto y lo hablamos sin vendehumos. Soy desarrollador freelance, no una agencia: hablas conmigo, trabajo contigo.